Palabras de Alejandro Vera

Muy buen día tengan todas y todos.

Para la Universidad Autónoma del Estado de Morelos es un honor ser el espacio público en el que se da este encuentro de los pueblos de Morelos y ocuparlo dialogando, debatiendo, intercambiando puntos de vista y construyendo la fuerza de los

pueblos y comunidades de Morelos y de su Universidad Autónoma, que reoriente de una vez por todas, el modelo de desarrollo.

Sean todas y todos ustedes miembros de las comunidades y pueblos de Morelos bienvenidas y bienvenidos a esta su casa, la máxima casa de estudios de Morelos.

Es en verdad muy importante y emocionante para nosotros los universitarios, el que ustedes estén aquí, pues ello significa que continuamos construyendo una nueva universidad, una universidad que salga al encuentro de la sociedad a la que se

debe y caminando hombro con hombro, con las mujeres y los hombres como ustedes, con rostro, nombre y apellido, que la forman, juntos conquistemos nuevas condiciones de vida para nosotros y para las generaciones que nos sucederán.

Cuando en el mes de mayo del presente año, el Consejo Universitario de esta máxima casa de estudios, convocó a los “Diálogos Políticos por la Seguridad Ciudadana” lo dijimos con toda claridad y hoy lo repetimos.

La violencia y la inseguridad que hoy se vive en nuestro país y en nuestro estado es producto directo de la profunda descomposición social en la que estamos inmersos, y ésta, a su vez, es consecuencia directa del modelo de desarrollo que el gran capital nacional y transnacional han impuesto.

El modelo de desarrollo dominante, el modelo de desarrollo hegemónico, es un modelo centrado en la reproducción del capital al que poco le importan las personas, sus necesidades, sus relaciones, sus costumbres, sus tradiciones, sus saberes.

Es un modelo al que tampoco le importa la sustentabilidad del medio ambiente y por ello lo expolia y lastima. Una muestra de ello, es lo que hoy se está viviendo en Sonora y que ha sido calificado como el peor desastre ambiental de la industria minera del país. El derramamiento por irresponsabilidad, descuido y avaricia de la empresa minera Grupo México, de más de 40 millones de desechos tóxicos en dos ríos, ha trastocado de manera radical, la vida de los pueblos y comunidades asentados a su vera, y ha causado un daño ecológico irreversible.

Desde esta tribuna envío un saludo solidario a las comunidades y pueblos de Sonora. Su lucha es nuestra lucha.

Poner en el centro de “Los Diálogos Políticos por la Seguridad Ciudadana” el tema del modelo de desarrollo, es una invitación a que seamos radicales, en el sentido de que vayamos a la raíz de las cosas y desde ahí, volvamos a construir la casa colectiva, la sociedad que nos cobija, a la que pertenecemos y en la que somos; y nos reconciliemos también con nuestro planeta y con nuestros territorios.

Y que quede claro, no se trata de partir de cero, se trata de recuperar los saberes que siguen circulando en el flujo sanguíneo de la tradición y sabiduría de nuestros pueblos y comunidades, en el flujo sanguíneo de todos y cada uno de ustedes.

Dice Adolfo Gilly, un estudioso de la revolución mexicana, cito: “Durante las últimas décadas del siglo XIX y la primera del siglo XX, la expansión de las relaciones capitalistas sobre el territorio de la República Mexicana condujo a una nueva oleada de despojo de las tierras de los pueblos indios en el centro y el sur, y de las tierras de los campesinos pobladores del norte. Este despojo fue amparado por el régimen de Porfirio Díaz y llevado a cabo por las haciendas azucareras en Morelos, ganaderas en el norte, cafetaleras en el sur y de diverso tipo a lo largo y lo ancho del territorio, a medida que se expandían la red ferroviaria, la circulación monetaria, la moderna explotación de los yacimientos minerales y el comercio exterior.

Como en toda la historia del capital, hasta hoy –continua Gilly–, el despojo y la apropiación de los bienes comunes fue uno de los sustentos de esa expansión.

Los pueblos de Morelos –afirma Gilly–, organizaron su guerra campesina bajo la dirección de Emiliano Zapata, sobre la base de sus relaciones comunitarias transmitidas por generaciones desde tiempo inmemorial.

Los campesinos del norte de México, en especial en los estados de Chihuahua y Durango, la organizaron sobre sus tradiciones y formas de lucha para conquistar y defender sus tierras contra las étnias indígenas, antiguas pobladoras de esas mismas tierras del norte de México y el oeste de Estados Unidos, y después contra la expansión de las haciendas y el despojo de los pueblos”.

De lo dicho por Adolfo Gilly en la cita que he leído, destaco algunas ideas que considero de utilidad para darle contexto a este tercer encuentro de “Los Diálogos Políticos por la Seguridad Ciudadana” a este “Diálogo de los Pueblos de Morelos”.

La primera se refiere al hecho, señalado por Gilly, de que la expansión del capital se finca en el despojo y la apropiación de los bienes comunes.

Ustedes mejor que nadie saben lo que eso significa, porque lo han vivido y porque lo viven permanentemente, son dramáticas las historias de despojo que siempre afectan a los excluidos de los beneficios del seudo desarrollo porque aniquilan la vida de familias enteras, de pueblos completos, por la vía del despojo, la apropiación de los bienes comunes, y la exclusión de la toma de decisiones.

Esta acción de despojo y apropiación de los bienes comunes está a la base de la descomposición social; por ello afirmamos que la causa profunda de la inseguridad y violencia que padecemos, es el modelo de desarrollo dominante y por ello exigimos a los actores políticos, a los tomadores de decisiones, poner en el centro del debate nacional el concepto de desarrollo que nos han impuesto las elites económicas, que se ha traducido en un modelo de desarrollo y en políticas públicas que no benefician a las mayorías, antes al contrario, las excluyen, las marginan, le quitan su identidad y alteran, degradándola, la cohesión social.

Y otra cosa, la expansión del capital por la vía del despojo y apropiación de los bienes comunes, ha contado históricamente y cuenta en nuestros días, con la complicidad amañada de innumerables actores políticos, que entre otras cosas legislan a modo, precisamente para seguir favoreciendo la expansión del capital.

Y lo que en verdad es indignante de esa situación, es que se autoproclaman representantes nuestros y pretendan convencernos de que lo que hacen, lo hacen por el bien de nuestra patria, de nuestro estado, de nuestro municipio, de nuestra comunidad, de nuestra familia y de cada uno de nosotros. No es así, lo que han hecho es hipotecar el futuro, y ello no podemos permitirlo.

Una segunda idea que extraigo del texto de Adolfo Gilly y que me parece especialmente pertinente poner a su consideración hoy, aquí, es que la resistencia y el combate que detonó la voracidad del capital en los inicios del siglo XX se construyó recurriendo a “las formas de organización trasmitidas durante generaciones por la historia de cada región”.

Con esto lo que quiero subrayar, es que debe ser claro para todas y todos nosotros, que hoy la resistencia y el combate al modelo de desarrollo, tiene que potenciar, por la vía del sumar, la organización de las comunidades y pueblos “trasmitida durante generaciones por la historia de cada región”.

Una tercera idea que quiero compartir con ustedes la tomo de John Womack, otro estudioso de la Revolución Mexicana y en particular, del zapatismo. Womack sostiene que la amenaza auténtica a la vida de los pueblos, fue lo que hizo estallar la revolución zapatista en Morelos. La inspiración y el cariño de los campesinos que se levantaron en armas, estaban en sus pueblos y en sus comunidades, eran pueblos y comunidades con un profundo sentido de pertenencia, con altos niveles de cohesión social. Es decir, eran pueblos con un sólido y abigarrado tejido social.

Ilustro esta idea citando algunos pasajes del libro clásico de Womack: “Zapata y la Revolución Mexicana”.

Dice Womack: “Hacia 1890 era evidente que (…) algunos pueblos importantes, rodeados de haciendas, habían dejado casi de crecer. Jonacatepec, por ejemplo, que en otro tiempo había sido un floreciente centro de arrieros, se levantaba ahora como una isla en el territorio de García Pimentel (…).” “Desalentados por su bajo censo –dice Womack párrafos más adelante–, los regidores de Cuautla discutieron a propósito de si su ciudad se asfixiaría a causa de estar enclavada en medio de poderosas haciendas, que limitan por todas partes con sus dilatadas siembras de caña (…). Puesto que las haciendas circundantes de día en día han venido encerrando a la ciudad, como comentó airadamente un periodista, “como en un círculo de hierro”, los regidores de la ciudad tuvieron que recurrir a una aldea que se encontraba a unos dos kilómetros de distancia para encontrar tierras nuevas de cementerio (…)”.

“Inclusive comenzaron a desaparecer pueblos (…) En 1876, año en que Díaz tomó el poder, estaban registrados 118 pueblos en Morelos. Hacia 1887, a pesar de un pequeño aumento de la población del estado, había únicamente 105 (…)”

“(…) A lo largo de la década de 1890 y después de terminado el siglo, los pueblos siguieron desintegrándose. En 1909, sólo se registró un centenar. Ocultas en los campos de alta caña verde, las ruinas de los lugares como Acatlipa, Cuauchichinola, Sayula y Ahuehuepan se pudrían en el suelo”.

“Los relatos de estos pueblos condenados eran muy conocidos por los campesinos de Morelos, pues sus parientes a menudo habían participado en las luchas por salvarlos. Y su desaparición era una terrible lección que no dejaba en paz y sosiego a los campesinos”.

Estoy seguro que para muchos de ustedes, los párrafos que he leído del libro de John Womack no les son desconocidos, no

les son ajenos, forman parte de las historias que ustedes les escucharon en su momento a sus mayores, y forman parte de las historias con las que ustedes sin duda alimentan la cabeza y el corazón de sus hijos.

Teniendo como referente lo dicho por Womack , creo que es correcto plantear que hoy el capitalismo neoliberal de finales del siglo XX y principios del XXI, con los llamados megaproyectos de infraestructura y extracción de recursos, está asfixiando a los pueblos de Morelos, como en los tiempos de Porfirio Diaz, la expansión del capitalismo industrial provocó que las haciendas los asfixiaran.

Una lección más que podemos extraer del Zapatismo y trasladarla a nuestros días, es que la unificación y organización de los pueblos en sus luchas de resistencia pueden venir de la clara y simple identificación de un enemigo en común, tal como en 1911 lo hizo Otilio Montaño con las haciendas.

Y esto que digo es de vital importancia, todos los aquí presentes conocemos la máxima “Divide y Vencerás”, que algunos atribuyen a Julio César y otros a Maquiavelo; sin embargo no siempre actuamos en consecuencia, sobre todo si estamos del lado de los divisibles.

Traigo esto a colación porque es claro que quienes nos imponen el modelo de desarrollo son expertos en el arte de dividir, en el arte de contraponernos a los unos contra los otros y así menguar la fuerza que podríamos acumular para hacer frente a los proyectos y a las políticas públicas que nos afectan como personas, como comunidades, como pueblos y afectan nuestra presencia y armonía en y con los territorios que nos pertenecen.

Hoy en este encuentro, en este “Diálogo con los Pueblos de Morelos” considero que es legítimo que nos planteemos recrear la lucha de los zapatistas en las circunstancias que nos ha tocado ahora vivir, recordemos que la lucha zapatista de hace un siglo, fue la manera como los campesinos y los pueblos de Morelos se constituyeron como sujetos sociales y constructores de su propia historia.

Hoy lo que nos debemos proponer los aquí reunidos es exactamente eso, constituirnos como sujetos sociales, constructores de nuestra propia historia.

Celebro con gusto y entusiasmo y estoy seguro que en ello expreso el gusto y entusiasmo de amplios sectores de la Comunidad Universitaria, el que hoy 28 de agosto del 2014 estemos reunidos en el auditorio General Emiliano Zapata del campus norte de la Universidad Autónoma del Estado Morelos para mirándonos de frente, con la pasión y el coraje anidados en el corazón, nos escuchemos y a partir de ello, nos constituyamos en los sujetos sociales que Morelos y México necesitan para hacer frente a la emergencia nacional de la que habla el poeta Javier Sicilia.

Por una Humanidad culta, una Universidad socialmente responsable.