Palabras de Javier Sicilia

Buenos días, muchas gracias.

Pues yo quisiera empezar por plantear algo que ya se nombraba: nuestros hijos asesinados, desaparecidos., nuestros muchachos, cada vez más…. Parte de la muerte, de la desaparición, o parte del crimen organizado o parte de los muchachos que están organizándose desaparecen o no van a encontrar oportunidades porque esta lógica del neoliberalismo, del capitalismo salvaje, que tiene su rostro en los megaproyectos, no quiere que estén. Yo quisiera abrir justamente con un minuto de silencio frente a 160 mil muertos, 30 mil desaparecidos, más los que se acumulen – quizá ya son más hoy–, 500 mil desplazados que nos dejó está guerra, porque hay un vínculo profundo entre el crimen organizado y los megaproyectos y la lógica gubernamental de vender los territorios de este país junto con sus recursos –no me gusta la palabra–, junto con su agua, con su aire. Aquí hay dos; ya se mencionó a Gustavo Salgado, pero también quisiera mencionar a José Luis Luna, oriundo de Amilcingo, desaparecido con los muchachos de Ayotzinapa. Yo quisiera, antes de dar mi palabra, que diéramos un minuto de silencio por todos los muertos y desaparecidos, en particular por José Luis Luna y Gustavo Salgado.

(Un minuto de silencio hacen todos los asistentes) Muchas gracias.

Pues un saludo del rector, que se está preparando para asistir al Congreso; estar allá en el inicio. Para mí pues es también, personalmente, como Javier Sicilia, como hombre de esta nación, de esta patria, como mexicano estoy muy orgulloso de estar en esta, pues esta larga marcha hacia el Congreso de Pueblos. Y, en particular, de estar en Amilcingo, un pueblo de grandes enseñanzas de la resistencia; Amilcingo es un paradigma para muchos, no sólo en Morelos sino en el país entero, en lo que es la dignidad de la resistencia; muchas gracias por el acogimiento, muchas gracias por acogernos aquí, en su casa, en este lugar, lleno de evocaciones de resistencia civil contra la barbarie.

Pues yo quisiera reiterar lo que ya se dijo en esta mesa; esta es la última Asamblea, en la región Oriente, rumbo al Congreso de los Pueblos que será el 22 de abril.

Doña Teresa dijo algo muy importante, al evocar a Zapata: yo creo que hay que recordarlo, Zapata no es un nombre, Zapata no sería nada sin la unión del pueblo, Zapata era el rostro de la unidad de un pueblo que se resistía a la destrucción de sus tierras; en ese caso y en ese momento por las haciendas. Ahora la destrucción es mucho más grave; ya hemos oído a los compañeros hablar de los diferentes rostros de esa destrucción. Ya no son haciendas, ¡ojalá fueran haciendas! Son los gasoductos, las termoeléctricas, son las carreteras, son la depredación absoluta através del rostro de un poder mucho más grande que las haciendas, y que tiene vínculos profundos con el capital internacional, y del crimen organizado, que forma parte de lo mismo. El proyecto neoliberal es un proyecto del uso de la tierra,

de la gente, para maximización de dinero, los transgénicos, todo lo que está en la lógica de la depredación, la lógica del fortalecimiento de estas empresas salvajes va en esta lógica: esta gente quiere reinar sobre un mundo de cadáveres, sobre un mundo de tierras arrasadas, sobre un mundo de fosas comunes, y de zombis. Yo creo que es el tiempo de detenerlo, como ya se dijo. Pero no lo vamos a detener –y por eso evocaba a Zapata, y lo que había dicho Doña Teresa–, porque esto no se va a detener si no nos unimos. Sí, discutamos liderazgos; los líderes no son más que servidores; deben ser constructores de puentes, gente que tiende redes, telares.. Hay líderes que disputan sus pequeños poderes, esos no son líderes. Zapata era el rostro de los pueblos, no el rostro de sí mismo, ni de su pequeño poder, por eso lo mataron. Yo creo que el compañero Gustavo, al que conocimos, que quisimos mucho y seguimos queriendo, era un líder en ese sentido del telar, un hombre de bajo perfil, pero que siempre estuvo tejiendo, construyendo puentes, y eso molesta. Los líderes que quieren representarse a sí mismos y subirse en los hombros de la gente no son buenos líderes. Tenemos que tejer, ser puentes.

Yo creo que, el Congreso, si logramos verdaderamente ponernos al servicio de todos, porque como ya lo dijo Roberto Ochoa: son los megaproyectos, es decir, son los rostros, son –para usar una imagen mitológica– las serpientes de la Hidra. Si no atacamos a la Hidra, y la Hidra es el capitalismo salvaje, cuyas serpientes son los megaproyectos, y no tomamos, imagínense el Zócalo lleno un día por todos los pueblos con la misma demanda: ¡Que se cancelen todos los megaproyectos!, lo vamos a lograr. Pero si nos dividimos, si creemos que el asunto de la termoeléctrica es uno y el asunto del gasoducto es otro, y el asunto de las carreteras es otro, ellos juegan con eso, con nuestra división, con la particularidad, con que cada uno está viendo una hojita del árbol, no está viendo el bosque, y ellos son el bosque, hay que ir sobre el bosque. Pero sólo lo vamos a hacer si vamos unidos, si decimos hoy que el dolor de la termoeléctrica es el dolor de los que vivimos en Cuernavaca, como también el dolor que están padeciendo directamente los de las carreteras o lo de los gasoductos es nuestro dolor, y viceversa. Si hacemos parte de cada uno de los megaproyectos nuestro propio dolor y juntos decimos ¡No! a la Hidra, a ese bosque de concreto, de megaproyectos, los vamos a detener. Pero si seguimos desunidos, si ese Congreso no nos va a llevar a tomar un día la plancha del Zócalo todos juntos, cientos y miles de morelenses, no vamos a detener esto.

Entonces yo, el Rector, la Universidad, que somos puentes también, estamos abiertos, donde se va a realizar el Congreso va a ser la casa, el lugar donde ustedes pueden llegar, como ahorita llegamos nosotros aquí. Si eso no nos permite una cohesión que nos lleve a un acto perentorio, concreto, para decirles ¡No!, y sentarlos a firmar ese ¡No!, pues estamos perdidos y entonces, sí, van a reinar sobre zombis, tierras arrasadas, cadáveres, fosas comunes. Ése es el gran reto, y yo agradezco el acogimiento, y les deseo que esta última Asamblea Regional de pueblos llegue realmente y apuntale hacia esa unidad que nos pueda llevar a parar esta monstruosidad.

Muchas gracias, un gran abrazo, muchas gracias.

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